martes, 27 de octubre de 2009

Un regalo a media noche

La habitación está oscura. Se abre la puerta del frente. Se cuela un haz de luz. Entra un hombre obeso con una caja del tamaño de un televisor grande. Se apresura a cerrar la puerta. La habitación vuelve a estar a oscuras. Deja la caja en la sala-comedor. No se detiene a encender la luz. Entra a otro cuarto. Abre un cajón, otro más, revuelve todo. Busca sobre un armario, sobre otro. Al fin la encuentra. Coge una cobija y regresa a la sala. Frente a la ventana apenas se distingue una figura; inmóvil. El hombre pasa por el lado sin mirarla.

Tapa la ventana con la cobija. Se sienta en el comedor, busca en sus bolsillos una caja de fósforos y enciende el trozo de vela que encontró. Derrama esperma en un platillo y lo asegura. Trae un cuchillo de cocina, se sienta a la mesa y comienza a afilarlo en una piedra. Le habla a la figura, aunque no la mira.

- Hoy me encontré a Pedro, a Rosa, Jacinto, Carmenza; hasta a Santiago. “¿Y cómo está tu mujer?”, me preguntaban. “Muy bien, muy bien, gracias. Se fue de viaje”, les decía. “¿A dónde?”, “Adonde una prima tía”.

La figura tiene los ojos abiertos, muy abiertos. La cara de medio lado. Los brazos a los costados. Parece que oye, parece que no.

- Ya empaqué las maletas. Las tuyas y las mías. Todo está listo. Mira la caja. Te queda bien, toda cuadrada –se ríe un poco–. Teresa eres terca. Te advertí, te grité, te corrí, te arrastré. No sé si es culpa tuya o de ese cura.

Un viento frío entra por una hendija de la ventana. La vela se apaga. Teresa parece balancear su cuerpo hacia adelante y hacia atrás. Se mueve la falda de flores que tanto le gusta y los cabellos enmarañados que siempre están sobre su cara. El hombre se levanta al fin. En la oscuridad la abraza, la sostiene. Está fría. Con el cuchillo corta una cuerda que sujeta a Teresa por el cuello.

-“El cura me dijo que no me puedo ir”, “el cura me dijo que si algo me pasa la ley se encarga” “el cura me dijo que tengo que estar con mi marido”. Ya veremos qué dice el cura.

Cada vez más noche, el sonido de la caja. Cada vez más noche, el sonido del cuchillo. La vela revela que el regalo está listo. Un poco más y el regalo en la puerta, otro poco y suenan las campanas.

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